El mundo despertó con la triste noticia del fallecimiento del Papa Francisco.

Sin duda, la sociedad global, las religiones, las tradiciones e incluso segmentos seculares están de luto por la muerte del Papa Francisco, pues su pensamiento y defensa trascienden las diferencias y nos instan a la bondad, la justicia, la solidaridad, la compasión, el servicio y la humildad, atributos que expresan nuestra humanidad.
Francisco es una figura que difícilmente tendremos igual. Lo que decimos aquí con tristeza; pues trajo, de una manera nunca vista, posturas, acciones, palabras, posiciones, no esperadas del líder de una iglesia que carga tantas visiones con el peso de su antigua estructura.
El Papa Francisco se ha convertido, en estos 12 años de pontificado, en la mayor autoridad mundial y la voz más respetada, capaz de decir a la sociedad internacional aquello que a menudo no quería oír, pero que constituía la verdad, lo que era más necesario decir para recordarnos nuestra propia humanidad y nuestras responsabilidades.Las encíclicas «Laudato Si» y «Fratelli Tutti», respectivamente sobre el «cuidado de la casa común» y sobre la «fraternidad y la amistad social», denunciando las emergencias globales, sus repercusiones y la necesidad de construir un mundo mejor, pacífico y más justo, se convirtieron en documentos históricos que fueron más allá de las hostias católicas, siendo mensajes para la sociedad global, los gobiernos y las religiones.
Tampoco podemos olvidar su acción en favor de la diversidad humana, llamando a la Iglesia y a la sociedad a acoger a las mujeres, a las madres y a las personas LGBT, enfrentando así prejuicios tan arraigados y persistentes.
Su voz también resonó como un trueno denunciando el genocidio palestino, la maldad y los intereses ocultos de guerras inventadas.
No debemos olvidar tampoco sus esfuerzos por consolidar las aspiraciones surgidas del Concilio Vaticano II, no sólo en la dirección de tender puentes, sino también en la defensa de acciones que manifiesten, de modo concreto, la práctica de la grandeza de las enseñanzas de las Escrituras con las responsabilidades hacia la dignidad humana y la justicia social.
En este momento, ante la conciencia de su ausencia, sólo podemos esperar que al menos podamos ver surgir un nuevo liderazgo que no se aleje demasiado de los ejemplos y compromisos de Francisco, porque indiscutiblemente, el mundo necesita más “franciscanos”, y el legado dejado por Bergoglio es ya eterno y será una guía para esta humanidad y las futuras.
Elianildo Da Silva
Consejero Global
Miembro del Consejo Global de URI – Iniciativa de Religiones Unidas
21/04/2025

