En un mensaje cargado de esperanza y compromiso, URI América Latina y el Caribe comparte con alegría la reflexión pastoral de Sebastián Camacho Bentancur, Patriarca de la Comunión Apostólica Ecuménica, Arzobispo Primado de la Iglesia Antigua Latinoamericana y Presidente del Movimiento Abracista Internacional.
Dirigiéndose a “hijos e hijas en la fe, pueblos abrazados en la esperanza, hermanos y hermanas de toda confesión religiosa y buena voluntad”, Monseñor Camacho recuerda la fuerza profética de la Carta a los Romanos: “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20).
Lejos de ser una invitación a la indiferencia moral, esta afirmación —subraya— es una proclamación luminosa del poder transformador del Amor de Dios. Desde el Pensamiento Abracista, la gracia no es una idea abstracta ni una emoción pasajera: es el abrazo activo de Dios que restaura, reconcilia y recrea la dignidad humana allí donde parecía haber ruina definitiva.
Un llamado en tiempos de fractura
En un contexto marcado por la exclusión, la violencia estructural, el racismo, la discriminación y la xenofobia, el mensaje es claro: la respuesta de Dios no es el abandono, sino la sobreabundancia. No es la condena sin salida, sino la posibilidad permanente de recomenzar.
“El Abracismo proclama que la gracia se hace historia cuando nos convertimos en instrumentos del abrazo divino”, afirma el Patriarca. Allí donde hay fractura, el abrazo; donde hay odio, el abrazo; donde hay indiferencia, el abrazo comprometido que transforma realidades.
Esta visión conecta profundamente con el espíritu interreligioso que anima a URI en la región: construir puentes, sanar heridas y promover una cultura de paz que no niegue las diferencias, sino que las abrace con respeto y dignidad.
Gracia que se traduce en justicia
El mensaje también advierte que no podemos espiritualizar la gracia desligándola de la justicia. La sobreabundancia de la gracia nos impulsa a reparar, reconciliar y construir estructuras más humanas. La gracia que sobreabunda es también responsabilidad que se multiplica.
En este tiempo cuaresmal, Monseñor Camacho invita a las comunidades a renovar su vocación de ser sacramento del abrazo universal: que cada misión, cada espacio de encuentro y cada comunidad sea un signo visible de que el mal no tiene la última palabra.
“Si el pecado abundó en la historia humana, la gracia sobreabunda cuando elegimos amar más allá de las fronteras, dialogar más allá de las diferencias y perdonar más allá de las heridas”.
Un mundo nuevo es posible
El mensaje concluye con una invitación abierta a toda la familia humana:
Que nadie se considere excluido del abrazo de Dios.
Que nadie se crea irremediablemente perdido.
Que nadie pierda la esperanza.
Porque donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.
Y donde sobreabunda la gracia, nace un mundo nuevo.
Desde URI América Latina y el Caribe acogemos este llamado como una renovación de nuestro compromiso interreligioso: ser comunidades que abrazan, que restauran y que hacen visible la gracia en medio de la historia



